Obama y su visita a Cuba

El decursar de la vida, la Historia, el destino, o las fuerzas ocultas, han querido que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba siempre presuman una prueba para los cubanos. Desde la época de la colonia y las luchas independentistas lo previeron nuestros próceres: el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo, con tanta fuerza en el brazo como en la mente, al decir del Apóstol de la independencia.

Y así ha sido, partiendo todo desde la proyección de la “fruta madura”, ya que la Isla debía caer indefectiblemente y como codiciado mango, en el seno de la Unión, pero no fue así y la Historia se ha encargado de demostrarlo, dejando al yanqui con el ansia de poseer completamente el suculento manjar, aunque desde 1902 hasta el 1ro de enero de 1959 estuvo chupando su néctar todo cuanto quiso, gracias al entreguismo de los desgobiernos de turno.

El Tío Sam saboreó la fruta, pero no la comió, por la posición de cubanos dignos que dieron batalla desde todos los escenarios posibles, le hicieron amargo el yantar al ambicioso vecino, y tras 100 años de lucha le atravesaron en la garganta la semilla de ese también conocido como melocotón de los trópicos.

Variadas fueron la pruebas a las cuales se sometió al pueblo cubano en su “amistad” con los Estados Unidos, sangre de por medio y con la anuencia de mandantes de la pseudorrepública y el apoyo de sus fuerzas represivas, de manera que pareciera cosa entre cubanos.

Desde que “llegó el Comandante y mandó a parar”, como reza el estribillo de la canción de Carlos Puebla, subieron de tono las agresiones de todo tipo, en primer lugar el bloqueo comercial y financiero para rendirnos por hambre.

Constituyeron pruebas de primera magnitud los sabotajes a la principal industria del país, la azucarera, pasando por los frentes de desarrollo o sustento de los programas de la Revolución, para hacerlos abortar y retrotraer al pasado el status de la nación, que tanta sangre había costado tras la lucha armada en las montañas y las ciudades.

Con un triste e irreparable saldo de luto en las familias de la Isla se sitúan el enfrentamiento y aniquilamiento de las bandas contrarrevolucionarias, organizadas, sustentadas y pertrechadas por los administraciones norteamericanas de turno; la invasión a Playa Girón, devenida primera gran derrota militar de Estados Unidos en América, y otras muchas acciones de guerra no declarada, las cuales supimos vencer, entre ellas la organización de más de 600 atentados contra la vida del líder de la Revolución cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Dolorosas pruebas también constituyeron la introducción de enfermedades, con un triste resultado de muertes infantiles, en tanto plantas y animales domésticos fueron igualmente atacados, lo que presuponía dejar al campo cubano desprovisto del alegre canto de sus gallos en los amaneceres y del lechón asado para festividades, sobre todo los fines de año, cuando el pueblo celebra cada nuevo aniversario de la Revolución.

La voluntad de resistencia desarrollada en la mayor de la Antillas ha superado todas esas difíciles pruebas a que nos ha sometido el vecino del norte —todavía no nos hemos recuperado plenamente de las afectaciones del Periodo Especial, aunque salimos airosos de su parte más crítica—, incuestionable demostración de lo que puede la inmensa mayoría de un pueblo dispuesto a defender su independencia.

Ahora se nos pone a prueba de nuevo. En Cuba, el Presidente de Estados Unidos, recibido por una sociedad culta, que sabe tratar a sus visitantes, tendrá plena libertad de intercambiar y discursar con los cubanos, incluso, de dialogar con sus asalariados para la contrarrevolución y andar La Habana, como demostración fehaciente de que estamos seguros del camino emprendido, el cual sería más viable sin bloqueo.

No quepa duda que saldremos fortalecidos de esta prueba, en la que sabremos aquilatar las buenas intenciones, pero también responder y actuar en consecuencia a velados propósitos de destruir el programa de desarrollo económico y social vigente, el creado y por Fidel y la Generación del Centenario a partir del ideario martiano y la clarinada libertaria del Moncada, y al cual no renunciaremos, pues significa, por su esencia socialista también, bienestar y seguridad para todos los cubanos.

Aquilatamos al Barack Obama de formación religiosa y humanista, pero también al mandatario que responde al sistema imperial. (Foto: http://www.telesurtv.net)

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